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domingo, 28 de abril de 2013

Estás siendo probado





Por David Wilkerson
17 de diciembre de 1990
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Estás siendo probado

Puedes estar seguro que si estás tratando de andar rectamente ante el Señor, ¡estás siendo probado! De hecho, mientras más íntimamente camines con Cristo, más intensa será la prueba. Las Escrituras dicen esto bien claro:

“…más el pueblo que conoce a su Dios se esforzará y actuará. …y en su caída serán ayudados de pequeño socorro. También algunos de los sabios caerán para ser depurados y limpiados para ser emblanquecidos hasta el tiempo determinado; porque aún para esto hay plazo.” (Daniel 11:32-35).

El tiempo de la gran prueba se acerca para “aquellos de entendimiento” ¿Y quiénes son los que van a ser probados? Son los justos, aquellos que son útiles al Señor, que caminan con Dios, ¡y tienen la sabiduría de Cristo!

En estos momentos, te preguntarás: "¿Por qué estoy siendo probado? ¿Por qué todo esto me está pasando a mí?

¿Recuerdas tus días de estudiante? Cuando daban un examen en la escuela, éste demostraba lo que tú habías aprendido de lo que se te había enseñado. Sin embargo, Pablo hablaba de otra escuela, una donde “aprendemos a Cristo”, y donde somos “enseñados por él, conforme a la verdad que está en Jesús.” (Efesios 4:20-21). Si tú perteneces a Jesús, ¡tú estás en su escuela! Puede que creas que ya te graduaste, ¡pero no lo será hasta que estés en gloria!

Cuando yo estaba en la escuela, odiaba las pruebas sorpresivas o los exámenes sin anunciar. Sin embargo, el Señor nos ha dicho que estemos preparados para ser probados a cualquier hora y que estas pruebas continuarán hasta que Jesús regrese. Todos los que aman al Señor pasarán por candentes tribulaciones y serán purificados de todo aquello que no es de Cristo, ¡en preparación para las bodas del Cordero!

David a menudo hablaba de que estaba siendo probado y juzgado: “yo sé Dios mío, que tu escudriñas los corazones y que la rectitud te agrada." (1 Crónicas 29:17). “Tú has probado mi corazón, me has visitado de noche; me has puesto a prueba, y nada inicuo hallaste; he resuelto que mi boca no haga transgresión.” (Salmo 17:5).

Santos, no puedo enumerar todas las maneras es las que el Señor prueba a sus hijos, pero hay tres pruebas en común para todos nosotros, y me gustaría enfocarme en ellas:

1. Somos probados por aflicciones y tribulaciones – tanto por las nuestras como por las de otros creyentes justos.

Una de las cosas más difíciles para los cristianos enfrentar es el sufrimiento de los justos.

Hasta el tiempo de Cristo, los judíos asociaban la prosperidad y buena salud con la santidad. Ellos creían que si eras rico, bendecido o saludable, Dios estaba contigo. Por eso era que a sus discípulos les era difícil comprender la afirmación de Jesús: “que es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios.” (Mateo 19:24). Los discípulos preguntaron: ¿quién podrá ser salvo?

Aun hoy en día, hay una doctrina equivocada que afirma que aquellos que están en pacto con Dios, ¡nunca sufrirán! Solo clama, dice esta doctrina, y tu Dios de pacto, vendrá corriendo e inmediatamente resolverá todo. Pero amados, ¡éste no es el evangelio!

Todos los héroes de la fe enumerados en Hebreos 11 caminaron en pacto con Dios, y “sufrieron tortura, violencia y fueron apedreados” (vs.37-38). “Otros sufrieron vituperios, azotes y además de esto, prisiones y cárceles” (v. 36). Pablo, que anduvo en estrecha relación con Dios, fue víctima de naufragios, azotes, apedreado, dejado por muerto, en peligro de ríos, de ladrones, robado, encarcelado y perseguido. Pablo sufrió la pérdida de todo lo que tenía (2 Corintios 11: 24-26). ¿Por qué? Todas estas eran pruebas, purificaciones, ¡la prueba de su fe!

Pedro dijo: “Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese, sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría.” (1 Pedro 4:12-13).

“…aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo.” (1 Pedro 1: 6-7).

Una de las cosas más peligrosas que un padre puede hacer es tenerle lástima y ofrecerle aliento a un niño que está bajo disciplina antes que este aprenda la lección. ¡Esto puede destruir al niño! Si quitamos la vara y la lección nunca se aprende, surge la rebelión.

Jesús es nuestro padre, y mientras somos disciplinados podemos llamarle cuantas veces queramos, pero él no se moverá hasta que nosotros aprendamos lo que él quiere enseñarnos. ¡Él no levantará su vara de nosotros hasta que cedamos! Sin embargo, todo el tiempo durante el cual estemos siendo probados y disciplinados, estaremos bajo la protección de Dios. La Escritura nos dice que aquellos que son probados por muchas tribulaciones y tentaciones son “…guardados por el poder de Dios mediante la fe." (1 Pedro 1:5). Puedes llamar a Dios pensando que estás en peligro, pero él sabe que no lo estás. ¡Él sólo está esperando que tú aprendas la lección!

Cuando Jesús permite el sufrimiento y la tribulación en nuestras vidas, él está tras una cosa. La misma cosa que quería cuando le pidió a Abraham que sacrificara a su hijo amado, a Isaac. Dios permitió que Abraham llevara a su hijo Isaac a la montaña y que levantara el cuchillo sobre él para sacrificarlo. Fue entonces que el Señor dijo: ¡No! ¿Qué buscaba el Señor con esto? Sencillamente esto: "Abraham, ¿significo yo más para ti que el objeto terrenal más preciado en tu vida? Abraham estaba dispuesto a dejar lo que más quería y amaba su único hijo, que fue la promesa de Dios para él - y poner su futuro en las manos de Dios. ¡Él lo dio todo al Señor! ¡Dios usa nuestros sufrimientos para exponer nuestros corazones!
En estos momentos puede ser que estés sufriendo debido a las condiciones de pobreza que te encuentras, o por estar desempleado. Otros puede que estén siendo probados por enfermedades. Sin embargo, cualquiera que sea el caso, Dios puede estar usando estas pruebas y sufrimientos para exponer el espíritu de murmuración y quejas en nosotros. A Dios no le agradan las murmuraciones o las quejas. De hecho, permitió a Israel toda clase de opresiones por cuarenta años porque el pueblo se había convertido en un murmurador habitual. Y su opresión podía atribuirse a su lengua. El Señor nos advierte hoy: “Ni murmuréis como algunos de ellos murmuraron, y perecieron por el destructor.” (1 Corintios 10:10).

La murmuración comienza en nuestros pensamientos, pensamientos de descontento, de ser maltratado por el Señor, de no ser comprendido por el pueblo de Dios. Usualmente, comienza por la falta de respeto hacia aquellos que son llamados por el Señor, ungidos por el Espíritu Santo.

Los murmuradores nunca están satisfechos. Si haces lo que ellos creen que debes hacer entonces vendrán con una docena más de exigencias. La lista nunca terminará porque su espíritu esta fuera de control, ¡no está bajo el poder del Espíritu Santo! La Biblia nos dice: “Estos son murmuradores, querellosos, que andan según sus propios deseos." (Judas 16).

Los israelitas se quejaron porque no tenían agua, así que Dios les dio agua de una roca. Se quejaron cuando no tuvieron pan, así que Dios les dio pan de la tierra. Entonces se quejaron porque no tenían carne y Dios les dio carne del cielo. El Señor les dio todas estas cosas, ¡y la Biblia dice que las aborrecieron! ¡Se quejaron después de obtener lo que pidieron! Y, hoy en día hay cristianos, que si Dios contestara su oración, ¡se quejarían de lo que han recibido!

También podemos ser probados por el sufrimiento de los justos y santos siervos del Señor. Esta tribulación es muy difícil de entender.

Conozco a una pareja joven de misioneros que han dado su vida al ministerio en los arrabales de Hong Kong. Hoy día, la esposa está postrada en cama con una enfermedad rara, crónica y debilitante. Todos los que le conocen se preguntan: "¿Cómo esto es posible?"

Leemos en las Escrituras: “Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas le librará Jehová.” (Salmo 34:19). Sin embargo, vemos muchos cristianos consagrados muriendo ante nosotros.

Algunos sufriendo intensos dolores. Aun así, estoy convencido de que no podemos entender ¡la maravillosa liberación que el Señor tiene para nosotros! Sus caminos están muy por encima de los nuestros.

Años atrás supe que un matrimonio que conocía perdió a su hijito de seis años debido a un tumor cerebral. Habían orado y orado por sanidad. El Señor me dijo que les dijera: “Su hijo ha sido sanado. ¡Tiene un cuerpo nuevo!” El Señor lo amaba y lo tomó de ustedes pero él se lo mostrará algún día. Pídanle al Señor que les de fortaleza hasta ese día. Jesús está a cargo de él ahora, ¡y su hijo está completamente sano! ¡Ellos no entendieron esto hasta diez años más tarde!

He estado cerca de cristianos que están sufrimiento en hospitales, que tienen más fe y esperanza que todos los cristianos que están alrededor de él orando por su sanidad. Y por lo regular, ¡el cristiano enfermo termina orando por ellos! Cuando tienes esa clase de esperanza en ti, tú no vives para este mundo, ¡estás viviendo para la eternidad! ¡Aquellos que sufrieron y murieron en fe recibieron su última sanidad! ¡Significo Cristo para ellos! Pedro dijo que eran: “participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría.” (1 Pedro 4:13). Su fe demostrada aquí, ¡le traerá gran gloria al Dios de la gloria!

Dios desea sembrar algo en nuestros corazones a través de todas nuestras pruebas y tribulaciones. Él quiere que digamos: “Señor Jesús, tú eres mi protector, y creo que tu gobiernas sobre los eventos de mi vida. Y si algo me pasara, es porque tú bajaste el muro, y tienes un propósito en así permitirlo.

“Si estoy caminando en rectitud y tengo tu gozo en mi corazón, entonces tanto mi vida como mi muerte llevarán gloria a ti. Puede que tengas la gloria preparada, algún propósito eterno que mi mente finita no puede entender. En cualquier caso yo diré: '¡Jesús, vivo o muerto, soy tuyo!'

2. Somos probados por la tardanza en la contestación a la oración.

Muchos de nosotros oramos como David oró: "Apresúrate a responderme en el día que te invocare.” (Salmo 102: 2). "Porque estoy angustiado, apresúrate, óyeme.” (Salmo 69:17). La Palabra hebrea para “apresúrate” quiere decir: “ahora mismo, avanza - tan pronto yo te llame, ¡ven!” David estaba diciendo: “Señor, yo confío en ti, pero por favor, ¡apúrate!"

Amados, Dios no tiene prisa. Él no va a saltar bajo nuestras órdenes. En efecto, a veces nos preguntamos si acaso él las contestará. Puedes llorar, gemir, ayunar, y esperar, ¡pero los días, semanas, meses y hasta años pasan y no recibes la más mínima evidencia que Dios oyó!

Primero te interrogas a ti mismo: “Algo está entorpeciendo mi oración, algún pecado escondido. Quizás pedí mal. O, quizás mi fe sea débil.” Estás perplejo y al pasar el tiempo tu actitud viene a ser algo parecido a esto: “Señor, ¿qué tengo que hacer para que mi oración sea contestada? Tú prometiste por tu palabra, y yo oré en fe. ¿Cuántas lágrimas tengo que derramar?

¿Por qué Dios demora la contestación a oraciones sinceras? Por supuesto, no es porque no tenga el poder. ¡Él tan solo tiene que guiñar un ojo, o pensar en lo que quiere, y la obra seria hecha! ¡Y él está ansioso, aún más que nosotros, que recibamos de él!

La respuesta se encuentra en este verso: “También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre y no desmayar.” (Lucas 18:1).

La palabra griega para “desmayar” significa: “relajarse, estar débil o gastado en la fe, darse por vencido, no esperar por el cumplimiento.” Dice en Gálatas 6:9: “No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos.”

El Señor está buscando un pueblo que ore sin cesar y que no se canse de acudir a él. Estos siervos esperarán y no desmayarán hasta que se complete la obra - ¡y serán hallados esperando cuando él traiga la respuesta!

Yo pensaba que tenía una fe inquebrantable, que confiaba plenamente en el Señor. Entonces muchas de mis oraciones más importantes no fueron contestadas por largo tiempo - ¡y muchas aún no han sido contestadas! Le dije al Señor: “Si tu contestaras mis oraciones, mi fe aumentaría. Podría ir al templo y hacer alardes de tu fidelidad, como David lo hizo. ¡Piensa como los demás serán grandemente fortalecidos!”

Pero el Señor me dijo: “Yo no aumento tu fe por mis respuestas. La edifico en mis demoras.”

¡Cualquiera puede creer cuando las contestaciones a las oraciones fluyen! Pero, ¿quién va a creer después de un año o dos? A medida que pasa el tiempo, abandonamos nuestras peticiones y oraciones y la creencia que él las contestará y nos movemos a otra cosa. Le decimos a Dios: “Yo te seré fiel. Pero no esperes que tenga fe para aguardar respuestas a mis oraciones por más tiempo.”

Amado santo, ¡Dios desea asegurarse que tú no vas a desmayar en tus oraciones! Él desea que tu corazón persevere, sin importar el tiempo que tarde su respuesta. Jesús nos dio una parábola para probar que él espera que aguardemos y no nos demos por vencidos. Es la parábola de la viuda que repetidamente se presentaba al juez pidiendo justicia. (Lucas 18:2-8).

El juez finalmente le concedió su petición solamente por no ser molestado por su constante ruego. “Sin embargo, porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, no sea que viniendo de continuo, me agote la paciencia.” (v. 5). Jesús añadió a esta parábola: “¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él, día y noche? ¿Se tardará en responderles? Os digo que pronto les hará justicia." (vs. 7-8).

Tú dices: “Pero, ¿no parece que Jesús habla en paradoja en este pasaje? Primero dice que Dios se tardará en respondernos, luego dice que pronto nos hará justicia.” Muchos de nosotros mal interpretamos este pasaje totalmente. Como ves, Jesús no está hablando de demorar por mucho tiempo - no señor. Él dice que Dios desea acelerar la respuesta - pero Dios está sufriendo por algo. ¡Él está cargando con algo que necesita la paciencia de su parte! Él está diciendo: “Yo demoraré lo que veo en tu corazón, y soportaré contigo, ¡hasta que estés dispuesto a esperar por la respuesta como es debido!”

Al mirar atrás a algunas de las cosas por las cuales he orado por largo tiempo, veo al Señor diciéndome: “Estoy aguantando esta petición tuya como un espejo. Y a través de ella, te enseñaré lo que hay en lo profundo de tu corazón.”

He visto duda... temor... incredulidad... cosas que han hecho que me tire a los pies de Jesús a llorar: “Oh Señor, ya no estoy interesado en las respuestas, ¡sólo quiero sacar este espíritu de mi ¡No deseo dudar de ti, ni orar y gemir por una respuesta, teniendo la semilla de incredulidad en mi corazón!”

Es cierto - el tiempo más difícil de nuestra fe en la oración es la última media hora. Cuando parece como si Dios no responderá, nos damos por vencidos, nos olvidamos, y nos vamos a hacer otras cosas. Y al hacer esto creemos que estamos rindiéndonos a la providencia de Dios, dependiendo de su soberana voluntad. Decimos: “Señor, haz lo que tu creas que es mejor,” o, “Bueno, Señor, después de todo, quizás tu no querías eso después de todo.”

¡No! ¡Esa no es la intención de Dios! Cuando estás orando por lo que obviamente es la voluntad de Dios - la salvación de la familia, por ejemplo, - ¡tienes todo el derecho de continuar sin desmayar hasta que Jesús te de la respuesta! Tienes toda la razón en no escuchar al diablo, ¡y pedirle a Dios que siembre en ti la fe de Cristo Jesús y no desmayar hasta que veas el resultado!

Pero sin embargo, ¡has desmayado, has fracasado la prueba! ¡Si no hubieras desmayado, estuvieras más determinado que nunca en recibir la respuesta!

Como puedes ver, el Señor ve el corazón cuando desmaya en todo tiempo. La Biblia ofrece un ejemplo de esta humillante experiencia en 2 Reyes 6-7. Samaria estaba sitiada por Ben Hadad y su gran ejército sirio. En la ciudad había hambre porque no había alimento que pudiera comerse. La cabeza de un asno se vendía por 80 piezas de plata, ¡una pinta de estiércol de paloma por cinco!

Pero el profeta Eliseo había profetizado al rey de Samaria que el Señor iba a liberar a su pueblo de una manera sobrenatural. Él dijo que se aguantaran, que esperaran y oraran y se arrepintieran y que confiaran en Dios sin importar cuán malas se pusieran las cosas.

A medidas que el rey caminaba por las murallas de la ciudad, él pudo haber pensado: “¿Cuánto más va a durar esto? Ya no podemos resistir más. Si Dios no responde pronto, izaremos la bandera blanca y nos rendiremos.”

Entonces una mujer vio al rey y le gritó: “Ayer mi vecina y yo cocinamos a mi hijo ¡y nos lo comimos! Acordamos que hoy nos comeríamos el de ella, ¡pero ella lo escondió! Rey, eso no es justo, ¡haz que ella entregue a su niño también!

¡Eso surtió efecto! El rey desgarró su vestido y con coraje vociferó: “Eliseo, ¡te cortaremos la cabeza! Nos hiciste creer que Dios contestaría tus oraciones. Nos dijiste que ocurriría un milagro, ¡pero ahora es muy tarde!” Cuando el rey halló a Eliseo orando con los ancianos, él gritó: “¿Para qué he de esperar más a Jehová?” (2 Reyes 6:33). En otras palabras, ¡es muy tarde, el plazo llegó y pasó, y Dios no cumplió su palabra! La oración no va a ayudar. ¡Es tiempo de tomar el asunto en nuestras manos!

Mientras el rey estaba desmayando - abandonando su fe - la respuesta estaba a la puerta. Eliseo le respondió: “Mañana a estas horas valdrá el seah de flor de harina un ciclo, y dos seahs de cebada un ciclo, a la puerta de Samaria.” (2da. de Reyes 7:1). Da pena que el rey no esperara 24 horas más antes de explotar. Lo que él no sabía era que Dios estaba obrando rápidamente, ¡creando un milagro!

En el campamento de los sirios, un zumbido milagroso llenó la atmósfera - el sonido retumbante de un gran ejército de carruajes que iba hacia ellos. El pánico se apoderó de los sirios, y dejaron todo abandonado y huyeron para salvar sus vidas.

De manera que los samaritanos trajeron carretas llenas de la comida que dejaron los sirios. Vegetales, harina de la mejor y barriles de cebada entraron por las puertas de la ciudad. Mirando esto, el rey tenía que estar avergonzado al pensar en lo que había dicho: “¡Dios no cumplió su palabra!”

Amados, ¡esto me ha sucedido a mí por lo menos una docena de veces! Me he dado por vencido y he dicho: “Bien, esto no ha sido la voluntad de Dios. Es una situación imposible.” Y en muchas ocasiones, ¡la respuesta llegó dentro de una hora de haber pronunciado esas palabras!

¡Esto es exactamente lo que puede estar pasándote a ti! Te has dado por vencido y ya no estás perseverando. Pero Dios está obrando, ¡y su respuesta está a punto de llegar!

3. Somos probados por nuestras caídas y fracasos.

No quiero decir que los cristianos que vuelven a sus antiguos pecados y al mundo, están siendo probados. No, ¡esos son náufragos!

Pero Pedro advirtió: “Así que vosotros, oh amados, sabiéndolo de antemano, guardaos, no sea que arrastrados por el error de los inicuos, caigáis de vuestra firmeza” (2 Pedro 3:17). Pedro está advirtiendo a los creyentes que están creciendo en santidad y están dispuestos a seguir al Señor.

Algunos de ustedes pueden haber caído en alguna ocasión a pesar de todo el progreso que han hecho con el Señor. Si les pregunto que causó la caída puede que me contesten: “Hermano David, ¡fue en un momento de ira! Fue provocado por mi propia familia, ¡y exploté! No lo entiendo, creí que estaba más dulce, un poco más semejante a Jesús. Pero alguien presionó el botón equivocado, ¡y perdí el control!”

Si en ti hay una raíz de amargura, Dios hará de tu hogar un lugar de prueba. Serás provocado una y otra vez hasta que todo la ira que hay escondida en ti sea revelada, ¡y arrancada por el Espíritu Santo! Tú dirás: “¡Soy un ser humano! ¿Cuánto debo aguantar? No importa si fuiste provocado, o si tenías la razón. ¡La provocación sencillamente comprobó tu necesidad de ser liberado!

Las Escrituras dicen: “Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia.” (Efesios 4:31). Dios seguirá probándonos hasta que digamos: ¡Hay un espíritu en mí que tiene que irse! No verás crecimiento en Cristo, paz en tu hogar o en el trabajo, hasta que puedas decir “tienes razón Señor, ¡sácalo de mí!”

Si estás siendo probado en esta área - o en cualquiera otra, puedes estar pensando: “Me siento tan indigno. ¿Cuánto terreno habré perdido? ¿Me ama aún el Señor?

Amado santo, si en verdad te has arrepentido, no has perdido terreno. Dios pone sus amorosos brazos sobre ti y te dice: “Yo permití que eso pasara para que vieras lo que hay en tu corazón. Pero estas progresando. Has dicho que quieres caminar junto a mí, y yo te estoy enseñando. Yo sé lo que hay dentro de ti y permitiré que seas provocado hasta que te deshagas de todo eso.

¿Estas siendo probado? Si es así, sólo ora: “Señor, has puesto tu dedo en algunas áreas de mi vida. Sácalas de mi corazón. Dame el valor, Señor, para no retroceder - ¡voy hacia adelante contigo!

miércoles, 15 de agosto de 2012

La Depresión




La Depresión

Ustedes viven siempre angustiados y preocupados. Vengan a mí, y yo los haré descansar. 
Mateo 11:28 (TLA)

Para evitar la depresión, podemos seguir el consejo dado por el Pastor Rober Costa en su programa Escrito Esta. En Breves palabras y fundamentado en la Biblia podemos decir:

·         Deja todo en manos de Dios.

Proverbios 16:3              Deja en manos de Dios todo lo que haces, y tus proyectos se harán realidad.

·         Dedícate a tu Salvación.

Filipenses 2:12          Por eso, con respeto y devoción a Dios, dedíquense a entender lo que significa      ser salvado por Dios.

·         Sigue Confiando en Dios.

Hebreos 3:13         Al contrario, mientras aún queda tiempo, cada uno debe animar al otro a seguir confiando. Así nadie dejará de obedecer a Dios, ni pensará que, si peca, hace el bien.

·         Fortalece tu vida cristiana.

1 Tesalonicenses 5:11  Por eso, anímense los unos a los otros, y ayúdense a fortalecer su vida cristiana, como ya lo están haciendo.

·         Vive en Paz y ayuda a otros.

Romanos 14:19        Por lo tanto, vivamos en paz unos con otros, y ayudémonos a crecer más en la nueva vida que Cristo nos ha dado.

·         Ten Pensamientos Alegres.

Proverbios 17:22       No hay mejor medicina que tener pensamientos alegres.
Cuando se pierde el ánimo, todo el cuerpo se enferma.

·         Da Gracias a Dios.

2 Corintios 2:14          Doy gracias a Dios porque nos hace participar del triunfo de Cristo…

·         Tener Seguridad en las promesas de Dios.

Romanos 5:5  De eso estamos seguros: Dios cumplirá su promesa, porque él nos ha llenado el corazón con su amor, por medio del Espíritu Santo que nos ha dado.

·         Y por ultimo y más importante: El Amor de Dios es todo lo que Necesitas.

2Corintios 12:9       Pero Dios me ha contestado: «Mi amor es todo lo que necesitas. Mi poder se muestra en la debilidad.


Pastor Rober Costa (Programa Esta Escrito TV)

sábado, 7 de julio de 2012

Estos tiempos demandan una confianza especial


Estos tiempos demandan una confianza especial
Por David Wilkerson
17 de diciembre de 2007


Cada cristiano declara que confía en el Señor. Pero en realidad, muchos de los hijos de Dios no están listos para enfrentar la tormenta negra que viene sobre el mundo. A menos que echemos mano de una confianza especial e inquebrantable en nuestro Señor, no estaremos listos para los tiempos duros, ahora o en el futuro.

Cuando toda la furia de la tormenta irrumpa e incertidumbre caiga sobre la humanidad como nube, multitudes de cristianos no podrán soportarla. Abrumados con temor, ellos perderán su canción de victoria. ¿Quiénes son estos creyentes que no estarán preparados para soportar la tormenta? Son aquellos que no han cultivado una vida de oración con el Señor y no están cimentados en su Palabra.

Por años pastores piadosos han urgido a cristianos que aparten un tiempo cada día para encontrarse con Dios en oración. Gracias al Señor muchos han aprendido a derramar su corazón ante Jesús. Y están siendo recompensados con una fe y confianza santa. Ciertamente, su fe crece diariamente por su dependencia en su Palabra.
Veras, la comunión da a luz confianza. Al derramar ante el Señor todas nuestras preocupaciones, nos vamos con su reposo y seguridad: “… ¡esperad en él en todo tiempo! ¡Derramad delante de él vuestro corazón! …” (Salmo 62:8). Según este Salmo, “esperad o confiar” y “derramar” es inseparable. Si hemos de confiar en Dios en todo tiempo, incluyendo los tiempos oscuros, entonces debemos estar derramando nuestro corazón ante el sin cesar.

Mientras los días son más temerosos, se levantara un pueblo de Dios quienes serán cada vez más audaces. Estos son creyentes quienes claman diariamente al nombre del Señor, “Así que podemos decir confiadamente: ‘El Señor es mi ayudador; no temeré lo que me pueda hacer el hombre.’” (Heb. 13:6). Revelación de la Palabra de Dios los apoyara en los tiempos más duros.

David aprendió a clamar al Señor en cada crisis de su vida. Vez tras vez, este piadoso hombre corría a su lugar secreto, vaciando todos sus temores ante el Señor: En mi angustia invoqué a Jehová, a mi Dios clamé y escuchó mi voz desde su templo. Me libró…” (2 Sam. 22:7, 18).
Más adelante, cuando la tormenta más grande de la vida de David vino sobre él, él estuvo listo. Ya tenía una canción en su corazón que podía cantar a través de la oscuridad e incertidumbre:
“Jehová es mi roca, mi fortaleza y mi libertador; Mi Dios, fortaleza mía, en él confiaré; mi escudo y el fuerte de mi salvación, mi alto refugio, mi salvador. De violencia me libraste. Invocaré a Jehová, quien es digno de ser alabado, y seré salvo de mis enemigos.” (2 Sam. 22:2-4).

David vio la tormenta llegar en su propio día. Fue una tormenta de violencia, con inundaciones de hombres impíos, “Me rodearon los lazos del Seól. Tendieron sobre mí lazos de muerte.” (22:6). Sin embargo, ningunas de estas cosas molestaron a David. Su confianza en Dios fue puesta y anclada a causa de comunión diaria con él. Y David deleitaba su alma en la Palabra de Dios.
Igualmente hoy, muchos creyentes se encierran con el Señor, y su creciente intimidad está dando a luz gran confianza. Sin embargo, querido santo, si no estás fielmente en comunión con Dios en oración, te abres a “doble temor” y “doble terror” cuando las cosas se pongan malas.
Estos tiempos llaman por más que una confianza general en Dios: requieren confianza especial para tiempos especiales.

La mayoría de los cristianos tiene una confianza general en el Señor. Todos estamos cimentados sobre algunas pocas promesas que se aplican a todo el cuerpo de Cristo:
•          “No te desampararé ni te dejaré” (Hebreos 13:5).
•          “…todas las cosas los ayudan a bien esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (Romanos. 8:28).
•          “porque sol y escudo es Jehová Dios; gracia y gloria dará Jehová. No quitará el bien a los que andan en integridad.” (Salmo 84:11).

Estas bien conocidas promesas han dado gran consuelo y bendición al pueblo de Dios por muchos siglos. Pero más allá de estas promesas generales, Dios nos da promesas específicas para tiempos especiales, incluyendo tiempos duros. Y tenemos que conocer y creer en estas promesas cuando entramos audazmente a su trono de gracia.

Los puritanos, quienes fueron poderosamente bendecidos por Dios, dijeron que cada promesa del Señor es un argumento santo. Ellos creyeron que un cristiano no debe ir ante el Señor tan solo con fe general. Cuando Dios nos manda a entrar audazmente ante su trono, para recibir misericordia y gracia en tiempo de necesidad, no podemos tener solo una idea general del porque estamos allí. No podemos solo decir, “Señor, tú conoces mi corazón. Dame lo que tú crees que es justo.”

Quiero señalarte tres tiempos muy específicos cuando confianza especial o particular es necesaria, basado en las promesas especiales de Dios:

1.      Necesitamos confianza especial cuando un acto de obediencia nos lanza a lo desconocido.

Dios demando de Abraham un increíble acto de obediencia: él le pidió que saliera a un futuro desconocido. Abraham fue capaz de tomar este paso con nada más tangible que esta promesa de Dios: “Vete de tu tierra, de tu parentela y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré.” (Gen. 12:1).
El escritor de Hebreos dice, “Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba.” (Hebreos. 11:8). El Señor no desplegó ante Abraham un plan detallado y organizado. En vez de eso, el simplemente dijo, “Reúne a tu familia, empaca tus pertenencias, deja a tus parientes, y vete a un lugar del que te voy a decir.”
A los setenta y cinco años, Abraham se le pidió que se lanzara completamente sobre la fidelidad de Dios. No le fue dada ninguna explicación, ninguna descripción, ningún aviso de los posibles peligros involucrados. Y entonces Abraham salió sin saber a dónde. Todo lo que él tenía sobre lo cual descansar fue esta promesa: “Te mostrare y te bendeciré.”
Su esposa, Sara, probablemente no era diferente a cualquier mujer de los días modernos. Ella pudo hacer las preguntas que cualquier esposa haría: “¿Vamos sur o norte? ¿Qué clase de ropa debo empacar? ¿Nos acomodaremos en algún lugar o estaremos siempre mudándonos?” Todo lo que Abraham podía contestar era, “Dios dijo que vayamos, así que nos vamos. Él nos mostrara el próximo paso, tan pronto comencemos a movernos.”
Nosotros pensamos a veces que cuando Dios nos manda a hacer algo y obedecemos, todo va a ir suave. Nosotros pensamos que el estará agradecido por nuestra obediencia así que él nos pondrá en una carretera de cuatro carriles hacia la bendición.
Abraham tenía una promesa de Dios, pero por el camino él tuvo que pasar el desierto del Negev, montañas cubiertas de nieve, otro desierto, y el pueblo guerrero de Canaán. Entonces el termino en medio de la hambruna de Egipto. ¡Me alegro que Dios no le dijo a Abraham acerca del camino que él tendría que tomar!
Este camino en particular no era como ninguno que Abraham había tomado. Sin embargo, a través de todo, él nunca estuvo en peligro. Nadie podía tocarlo. Dios era su escudo y protector todos los días. Y a causa de su fe, Abraham se estaba convirtiendo en un amigo de Dios.
Cuando Dios les pide a sus siervos que den un paso a lo desconocido, no es un evento de una sola vez. Es un caminar que se requiere por toda nuestra vida. Pero nuestra obediencia nos gana una gran recompensa: “Después de estas cosas vino la palabra de Jehová a Abram en visión, diciendo: No temas, Abram, yo soy tu escudo, y tu recompensa será muy grande.” (Gen. 15:1).
Dios está haciendo una gloriosa declaración aquí: Aquellos que le obedecen – quienes dan un paso sin saber lo que le sucederá, y todavía confían ciegamente en su Palabra—nunca estarán fuera de su protección. Él dice, “estaré sobre ellos como un escudo. Y yo seré su recompensa. Me entregare a mí mismo a ellos.”
Un antiguo miembro de nuestra iglesia, una aclamada actriz, Dios le pidió que dejara el escenario completamente, como un acto de obediencia a él. Ella sabía en su corazón que el Señor le estaba diciendo que dejara todo atrás. Así que ella puso a un lado el apremio de mejor actriz y dio un paso a lo desconocido. Ella no tenía trabajo ni garantía de trabajo de ninguna clase; ella salió sin saber a dónde iba.
El mismo día siguiente su agente la llamo para decirle que le ofrecían el papel principal en una película con tres de los más conocidos actores en el negocio. Después que ella colgó, ella dijo, “No, Satanás, yo sé lo que estas tratando de hacer. No cambiare de idea.”
Amados, así es como va a hacer para muchos. Cada vez que das un paso en fiel obediencia, el diablo traerá alguna tentación para llevarte al lado de la desobediencia. ¡La obediencia siempre te va a costar algo!
Esa misma semana, la actriz fue a la corte y gano una gran victoria en una batalla de custodia por su hijo. ¡Su escudo estaba funcionando para ella! Ella había ganado a Cristo, y su recompensa fue el Señor mismo.
Años atrás, Dios llamo a nuestro ministerio a ir a la ciudad de Nueva York y comenzar una iglesia en Times Square. Requería un gran paso de obediencia cuando él nos pidió que dejáramos nuestro ambiente cómodo de Texas y venir a la ciudad. No teníamos congregación, ni edificio y poco dinero. Dios solo dijo, “Ve, y yo estaré contigo. Te bendeciré. Yo seré tu recompensa.
Así que fuimos – y el Señor fue un escudo para nosotros, dándonos a si mismo año tras año. Dos décadas después, tenemos una congregación creciente, madurando y con mentalidad misionera en medio de Times Square que esta como un testimonio a su milagro.
La palabra de Dios abunda con promesas especiales y específicas para aquellos quienes son llamados a dar un paso de obediencia. Aquí solo algunas pocas de esas promesas para llevar contigo al trono de Dios. Puedes arriesgar tu vida por estas:
•          “Ahora, pues, si dais oído a mi voz y guardáis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos,…” (Éxodo 19:5).
•          “… Escuchad mi voz, y yo seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo; y andad en todo camino que os mande, para que os vaya bien.” (Jeremías 7:23).
También tenemos una promesa acorazada que el Espíritu Santo estará con nosotros a través de todos nuestros pasos de obediencia y tiempos de pruebas: “Nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que lo obedecen.” (Hechos 5:32).
Si Dios te está diciendo que rindas algo, da el paso y hazlo. La Biblia claramente dice que si tú obedeces al Señor, él te dará el Espíritu Santo para que sea tu guía y fortaleza. Él te proveerá con todo lo que necesitas para completar tu acto de obediencia.

2.      Necesitamos una confianza particular y especial, cuando nuestra misma supervivencia es amenazada.

En mi vida, nunca le había hablado a tanta gente temerosa como lo hecho recientemente. América categóricamente tiene miedo: constructores, corredores de bienes raíces, profesionales de Wall Street, detallistas, ejecutivos, abogados, dueños de restaurantes, dueños de pequeños negocios – todos ellos están diciendo lo mismo: “La cosa esta peor que lo que la gente piensa. Y se va a poner peor. Todo se está sacudiendo.”
Casas son re poseídas por los bancos. En la ciudad de Nueva York, familias están mudándose juntas en apartamentos de una sola familia. A través de la nación, mucha gente ha dejado atrás su compromiso hipotecario porque deben más de lo que vale la casa. Algunos despojan todo en la casa, se mudan y no dejan dirección.
A ningunos de nosotros nos gusta escuchar estas clases de reportes deprimentes. Pero los puritanos tenían un dicho: “Nuestros afectos sobornan nuestro discernimiento.” Todos amamos a América y nuestra forma de vida aquí. Pero si no enfrentamos la verdad que los tiempos duros en esta nación están sobre nosotros, nunca tendremos la confianza que vamos a necesitar. Tenemos que ser capaces de discernir los tiempos, para que podamos pedirle a Dios por la confianza especifica necesaria para que nos lleve a través de lo que esta porvenir.

No se equivoque: nada de esto está tomando a Jesús de sorpresa. El vio como todo nos venía encima. Aquel que enumero el cabello de cada persona y contó cada gorrión caído sabía de antemano lo que podíamos enfrentar en estos últimos días. Él sabía dónde cada dólar en el presupuesto federal iría y que nuestros impuestos y viviendas incrementarían. Él sabía acerca de cada paro involuntario de trabajo que enfrentaríamos, todas nuestras facturas, todas nuestras necesidades, hasta el número de hijos que tendríamos. No hay una sola cosa que nuestro bendito Salvador no supo cuando nos dijo en Mateo 6:25-33, “No lo pienses dos veces. Tu Padre celestial sabe acerca de todas tus necesidades personales. El cuidara de ti.”
No importa cuánto ruja la tormenta, nuestro Señor aun estará alimentando las aves del aire, vistiendo los lirios del campo, y supliendo un océano de peces con todas sus necesidades diarias. “… Vuestro Padre celestial las alimenta.” (Mt. 6:26).
Ni una sola de su creación sufrirá sin que nuestro Señor lo sepa. Ahora te pregunto: ¿Qué clase de Padre seria el si el alimentara a los perros y aves y descuidara a sus hijos? ¿Qué clase de Dios enumeraría los cabellos en nuestra cabeza pero no sus monedas? ¡El solo pensarlo es blasfemo! Nuestro Padre alimenta todo el reino animal; y ninguna cantidad de tiempos duros detendrá su provisión: ¿”No valéis vosotros mucho más que ellas? … ¿no hará mucho más por vosotros, hombres de poca fe?” (Mt. 6:26, 30).
Yo creo que Dios nos ha provisto con una promesa muy particular para los específicos tiempos duros que se avecinan. Fue dada a Abraham y su simiente como un juramente: “… del juramento que hizo a Abraham, nuestro padre, que nos había de conceder que, librados de nuestros enemigos, sin temor lo serviríamos en santidad y en justicia delante de él todos nuestros días.” (Lucas 1:73-75). Dios ha jurado librarnos de cada enemigo y cosa temerosa, para que podamos servirle todos los días de nuestra vida sin temor.
Amado, el hambre es un enemigo. Desnudez y pobreza son enemigos. Este juramento de Dios debe ser el fundamento de nuestra confianza en cada crisis, calamidad y tiempo de temor. Les urjo a memorizarlo. Permite que sea tu santo argumento junto al trono de gracia.

3.      Necesitamos confianza especial en tiempos de calamidad que viene como resultado de juicio divino.

Cada predicador que ama a este país debe tocar la trompeta y despertar al pueblo que está a su cuidado. Ahora mismo, yo creo que América está bajo un “juicio firmado” de Dios. Juicios firmados llevan una marca especial del Señor, en que el juicio es un espejo del pecado cometido contra él. Estos juicios pueden ser vistos a través de la Biblia:
•          Adoni-bezec fue un rey que corto los pulgares de las manos y los pies de setenta reyes que él había conquistado. Cuando los hijos de Judá capturaron a Adoni-bezec, ellos le cortaron los pulgares de las manos y los pies de él. Este rey dijo: “…Como yo hice, así me ha pagado Dios...” (Jueces 1:7).
•          Jezabel ocasiono la muerte de Naboth, la sangre del cual fue lamida por perros. Otra vez, vemos el juicio firmado de Dios: Jezabel fue lanzada de una ventana y murió, y su cuerpo fue sepultado en las barrigas de los perros.
•          En el Libro de Ester, Aman erigió una horca para el piadoso Mardoqueo, pero el mismo fue ahorcado en ella cuando su complot fue descubierto.
•          El rey Asa, quien encerraba a los profetas de Dios en calabozos por los pies, murió de pies enfermos.
Nosotros llamamos a tales eventos ironía, pero son los juicios firmados por Dios. Abdías 15 lo resume: “Porque cercano está el día de Jehová sobre todas las naciones. Como tú hiciste se hará contigo; tu recompensa volverá sobre tu cabeza.”
Ahora mismo, todos los juicios de Dios sobre América son como espejos de sus pecados. Nuestro mayor pecado ha sido un jactado orgullo, una mentalidad “yo puedo”. Hemos estado confiados que nuestra nación podía resolver cualquier problema, ganar cualquier batalla, encontrar una cura para cualquier enfermedad. Fuimos policías del mundo entero, confiados en nuestro poder armado.
Y por un largo periodo, Dios ha estado con nosotros. Tuvimos presidentes y legisladores quienes fueron capaces de vencer los problemas de la nación. Nuestros científicos descubrieron vacunas para todas clases de enfermedades: malaria, difteria, viruela, tuberculosis, sarampión, polio.
Ahora tales curas son pocas y distantes. No hay vacuna a la vista para el SIDA. Y nos estamos ahogando en problemas sociales “sin solución”: la plaga de drogas, la falta de vivienda, caos en las escuelas, crimen desenfrenado, prisiones atestadas, crisis del seguro de salud, el intercambio internacional de esclavos sexuales. No hace muchos años atrás, América fue el acreedor número uno en el mundo. En corto tiempo, nos hemos convertido en la nación número uno en deudas.
Solo nombra el problema, y no podemos solucionarlo. Un Senador pensó en voz alta si hemos llegado a un grado en la historia donde las tres ramas del gobierno federal realmente no funcionan más. Él dice que están en “punto muerto sin responsabilidad.”
Yo amo profundamente a América. Aún sigue siendo el refugio preferido de los refugiados del mundo. Pero el juicio firmado de Dios sobre esta nación una vez ultra-competente es una humillante confusión e impotencia. Por propia admisión, nuestro gobierno no está funcionando. ¿Dónde está nuestro orgullo, nuestra “yo puedo” seguridad? Por años fuimos la cabeza, y ahora somos llamados la cola, como fue profetizado en Deuteronomio 28.

El juicio firmado de Dios más severo sobre América aún está por venir.

¿Qué piensa usted que será este severo juicio? Yo pienso en como América está pisoteando todo lo que es moral, santo, y piadoso. El nombre de Cristo es pisoteado diariamente en teatros y cines, donde lo sagrado es mofado y lo profano es exaltado. Y humildes seguidores de Jesús están bajo intensa persecución y burla.
Dime, ¿Cuál juicio firmado será cortado del mismo pedazo de tela? ¿Qué castigo le queda al crimen?

Esto es lo que yo veo como el juicio firmado de Dios sobre América, la cual por años ha sido el super poder número uno, la nación más poderosa del mundo: “Con mi ira pisoteé a los pueblos, los embriagué con mi furor y derramé en tierra su sangre.” (Isaías 63:6). Dios humillara el poder militar de esta nación, quebrara sus teatros y confundirá nuestras instituciones educativas –echando abajo todas nuestras fuerzas anteriores.
Hoy, treinta millones de bebes han sido asesinados por abortistas. Hay horrible sangre sobre las manos de esta nación. ¿Piensas que Dios va a guiñarle a eso? No, él es un Dios justo, y el hará que América llore a causa de la sangre que ha derramado. ¿Cómo? Ya yo veo asesinos derramando sangre en nuestras calles y en nuestras escuelas.
Nuestra fortaleza está bajando rápido. Nuestro poder económico se ha debilitado, con el Euro, la libra y el yen japonés todos sobrepasando el dólar en poder. Mientras tanto, China y la Unión Europea están creciendo en poder. Yo creo que las naciones europeas –los reinos del avivado Imperio Romano—se levantaran como el poder número uno del mundo, convirtiéndose en la base poderosa del Anticristo.
Dios está exponiendo nuestra desnudez al mundo. Él está haciendo que nuestra apariencia externa haga juego con el estado de nuestra alma, y nuestra bancarrota espiritual está convirtiéndose en desorden financiero. Él está trayendo juicios firmados sobre nosotros tan claros que ninguna otra nación en el mundo puede equivocarse.
Mientras estos juicios toman lugar ante nuestros mismos ojos, nuestra única respuesta es tener a Jesús como nuestro escudo. Debemos correr para encontrarnos con él en la habitación secreta de oración y dejar que nuestras raíces vayan profundas dentro de él. Tenemos que saber que Aquel que ha contado los cabellos de nuestra cabeza nos cuidara en todas las circunstancias.
Les impulso a echar mano de estas promesas especiales, en prontitud para cualquier y todas las calamidades que podamos enfrentar:
•          “Resplandeció en las tinieblas luz a los rectos; es clemente, misericordioso y justo. No tendrá temor de malas noticias; su corazón está firme, confiado en Jehová. Asegurado está su corazón; no temerá, hasta que vea en sus enemigos su deseo. “(Salmo 112:4, 7-8).
•          “Él juzgará al mundo con justicia y a los pueblos con rectitud. Jehová será refugio del pobre, refugio para el tiempo de angustia. En ti confiarán los que conocen tu nombre, por cuanto tú, Jehová, no desamparaste a los que te buscaron. “(Salmo 9:8-10).
Finalmente, aquí está su especifico, todopoderoso y santo argumento para el trono de Dios: “Aunque un ejército acampe contra mí, no temerá mi corazón; aunque contra mí se levante guerra, yo estaré confiado. Una cosa he demandado a Jehová, esta buscaré: que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura de Jehová y para buscarlo en su templo. Él me esconderá en su Tabernáculo en el día del mal; me ocultará en lo reservado de su morada; sobre una roca me pondrá en alto.” (Salmo 27:3-5).

Por David Wilkerson